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Start up del agro rosarina superó una segunda ronda de inversión y va por más

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Accionistas originales ratificaron sus apuestas. Aceleran el proceso de cultivos y manufacturación.

Una empresa que hizo sus primeros pasos al amparo del mercado de capitales de Rosario con un proyecto innovador para la agroindustria superó una segunda ronda de capitalización y acelera los plazos para ingresar en etapa de manufacturación y comercialización.

Se trata de Castor Oil SA, que trabaja para exportar aceite de ricino con semillas genéticamente modificadas de procedencia israelí que prometen revolucionar los sistemas de producción agrícola tradicionales.

Medio año después de superar con éxito una primera colocación de acciones por u$s 340.000 en el ámbito del Mercado de Valores -que tiene al de Castor Oil como un leading case- la nueva compañía superó exitosamente en octubre último una segunda colocación por el mismo importe, que se resolvió dentro del círculo cerrado de los inversionistas originales. “La primera ronda fue muy trabajosa, ahora fue un trámite porque los inversionistas nos ratificaron la confianza”, destacó Ignacio Ríos, director de Castor Oil.

Además de este voto de confianza, algunas pruebas exitosas de cosecha que se efectuaron en campos del norte argentino, con cabezales importados de Italia, significaron un salto cualitativo en la calidad de los procedimientos y podrían acelerar los plazos originalmente previstos de entrada en producción. “Los resultados del proceso de investigación y desarrollo del producto nos empujan a acelerar los plazos para comenzar la producción primaria y manufacturación en escala”, agregó Ríos.

Otro de los alicientes surge del interés de una química que fabrica polímeros en Francia, interesada en participar en el desarrollo de la firma local. El aceite de ricino o de castor admite variados usos, desde jabones, cremas y perfumes hasta usos industriales como componente principal, de nylons, films plásticos y lubricantes. Los franceses lo utilizan para fabricar artículos deportivos livianos y de muy alta impermeabilidad, desde los tapones de botín de fútbol hasta tablas de surf.

El ricino se cultiva en la India con técnicas milenarias, en base a mano de obra familiar. Con las semillas transgénicas se introduce un nuevo paquete tecnológico, que está en período de pruebas en México y Argentina.

El ciclo del ricino es similar al de la soja, y puede ser un sustituto en campos más áridos, porque el ricino responde mejor al estrés hídrico. Campos marginales del norte argentino lo pueden tener como sustituto, y Castor Oil prevé comprar la cosecha puesta en tranquera de campo, con los que los agricultores tendrán un plus por el ahorro de fletes que se complican en la Argentina a medida que se alargan las distancias hasta los puertos de embarque.

El paso siguiente es la construcción de una planta de crushing también en el norte, que en principio se estará definiendo a mediados de año próximo con los resultados de la última cosecha experimental en la mano, que empezaría a producir en 2021.

Para llegar a este último punto habrá que pasar por una tercera etapa de inversión, por u$s 5 M, más u$s 1 M adicionales para capital de trabajo. Hasta ahora son unos 15 inversionistas que apostaron al proyecto, hombres de negocios bien plantados que decidieron poner una ficha en la iniciativa. El origen de los capitalistas es diverso, desde el negocio de la salud hasta indumentaria, y están localizados básicamente en Rosario y Córdoba. “Somos muy optimistas en que vamos a ser un actor protagónico en el mercado mundial de aceite de ricino”, se ufanó Ríos.
Fuente: puntobiz