En muchos sistemas de cría extensiva, las vacas atraviesan el invierno con restricciones nutricionales, justo en etapas clave como el final de la gestación y el inicio de la lactancia. Para evaluar alternativas, investigadores del INTA Cuenca del Salado y Balcarce —con financiamiento del IPCVA— estudiaron el impacto de la suplementación energética en vacas Angus recién paridas.
El ensayo incluyó 72 vacas multíparas alimentadas con heno de festuca ad libitum. La mitad del grupo recibió, además, 4 kg diarios de maíz entero durante los primeros 80 días posparto. Se analizaron variables productivas tanto en las vacas como en sus crías, desde el nacimiento hasta la faena.
Los resultados mostraron que la suplementación mejoró la condición corporal de las vacas y elevó la producción de leche (4,67 vs. 3,48 L/día). En consecuencia, los terneros presentaron un mayor crecimiento en los primeros meses de vida (GDPV: 0,684 vs. 0,557 kg/día). Sin embargo, no se registraron diferencias significativas en peso a la faena, marmoreo ni terneza de la carne.
Según los investigadores, el aporte energético fue limitado y la duración del tratamiento demasiado corta como para generar cambios duraderos en la calidad del producto final.
El estudio sugiere que, en campos donde las vacas llegan al parto con bajo estado corporal, suplementar tras el parto puede ayudar a su recuperación y, posiblemente, a mejorar los índices reproductivos. No obstante, para influir en la calidad de carne, sería necesario un enfoque nutricional más intensivo y sostenido.
Fuente: IPCVA



