La siembra de girasol experimentó un notable incremento en la zona núcleo, una región tradicionalmente no girasolera, impulsada por factores climáticos, económicos y agronómicos.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en la campaña 2024/2025 se implantaron dos millones de hectáreas, superando las un millón ochocientas cincuenta mil hectáreas del ciclo anterior. La presencia de la chicharrita en maíz y la baja de retenciones favorecieron la expansión del cultivo en nuevas zonas productivas.
El crecimiento en la zona núcleo responde a la necesidad de diversificación de los productores y a una mejor adaptación del cultivo a condiciones de menor disponibilidad hídrica. Según expertos, con un buen manejo, los rendimientos podrían ubicarse entre dos mil quinientos y tres mil doscientos kilos por hectárea, haciendo al girasol más competitivo.
Además, el contexto internacional, con una demanda sostenida de aceite de girasol y precios atractivos, refuerza el potencial del cultivo en Argentina. Especialistas señalan que la industria local puede aumentar su producción sin problemas, mientras que la baja relación stock-consumo a nivel mundial podría seguir sosteniendo valores altos en los próximos años.



