Por Leo Mirenda (TN Campo) El estado de los trigos, la caída en la superficie de arveja y las expectativas para la gruesa, en medio de un año con precipitaciones por encima de la media.
La campaña agrícola en la zona núcleo bonaerense atraviesa días decisivos marcados por la variabilidad meteorológica y la estricta planificación financiera.
Las precipitaciones registradas en las últimas semanas del invierno encendieron las alarmas de los productores, quienes deben articular tareas de cosecha tardía, mantenimiento de suelos y siembras tempranas en un terreno que no siempre ofrece las mejores condiciones mecánicas.
Con registros pluviométricos marcadamente generosos, el clima impone una dinámica de trabajo caracterizada por la inmediatez y la alta precisión en los campos del norte de la provincia de Buenos Aires.
El diagnóstico técnico resulta tan contundente como gráfico
“Venimos con lluvias un poquito por encima de lo normal”, detalló el ingeniero agrónomo Mariano García al analizar el escenario productivo que se vive en el norte bonaerense y sus áreas de influencia.
Esta sobreabundancia de agua generó complicaciones operativas inmediatas en los lotes: por un lado, la falta de piso adecuado interrumpe el tránsito pesado de los equipos; por otro, retrasa la pérdida natural de humedad en los granos que todavía aguardan en el lote.
La cosecha tardía de los maíces sembrados en diciembre pasado se convirtió en un verdadero dolor de cabeza logístico. La ecuación económica exige extrema cautela ante cada decisión de ingreso con las combinadas.
“Los productores esperando que baje la humedad del grano para tener menos gastos en la comercialización, porque ese grano hay que secarlo hasta una humedad base y eso sale plata”, advirtió García sobre la tensión permanente entre apurar los tiempos o resguardar la rentabilidad del establecimiento.
A ello se suma la firme consigna de “tampoco romper el campo, porque cuando no hay pisos se hacen huellas, y bueno, en años llovedores, sobre todo con barro, es mucho más difícil acomodar todo”.
Logística de precisión y manejo del agua en los lotes
A la traba que representa levantar los remanentes de la campaña pasada, se añade la urgencia de acondicionar las hectáreas destinadas al maíz temprano de septiembre.
Los esquemas vienen acumulando ciertos retrasos debido a la falta de piso y a la necesidad de esperar mejores condiciones térmicas en el perfil. Sembrar de manera apresurada bajo estas circunstancias climáticas puede condicionar seriamente los resultados finales en la balanza de la cosecha.
“Hay que ver un poquito cómo son los pronósticos de lluvias, elegir bien los lotes y esperar a que levanten las temperaturas, porque cuando sembrás cultivos con suelos muy fríos al maíz le cuesta, nace muy lento, nace desuniforme temporal y espacialmente, y eso hace que bueno, a la larga te termine castigando en el rinde”, explicó detenidamente el profesional agrónomo.
En un contexto llovedor, la ventana de oportunidad para intervenir con las sembradoras se acorta drásticamente en el corazón productivo de la región.



