A contramano de las excelentes condiciones climáticas y de humedad en los suelos, la próxima campaña triguera argentina arrancaría con una menor superficie sembrada.
Las proyecciones anticipan una caída interanual del 7% en el área destinada al cereal, equivalente a unas 500.000 hectáreas menos.
El relevamiento destaca que las reservas de agua en los perfiles del suelo son incluso mejores que las registradas en mayo de 2021, año récord para el trigo argentino.
Sin embargo, el escenario económico modificó las decisiones de los productores, principalmente por el fuerte incremento en el precio de los fertilizantes nitrogenados.

La suba de la urea condiciona la campaña fina
El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado por Cristián Russo, advirtió que la urea ronda actualmente los 1000 dólares por tonelada, mientras que el trigo cotiza cerca de US$230, muy por debajo de los valores observados en 2022. “Los problemas productivos de alguna manera se podían compensar con la situación financiera de aquel entonces. Ahora, no”, señalaron técnicos consultados en el trabajo.

Ese escenario derivaría en una reducción de la inversión tecnológica y, especialmente, en menores niveles de fertilización, lo que impactaría directamente sobre los rindes nacionales.
De concretarse las proyecciones, Argentina sembraría unas 6,66 millones de hectáreas de trigo en el ciclo 2026/27, lo que igualmente representaría la quinta mayor superficie de los últimos 17 años.
Con un escenario climático normal, la producción nacional se ubicaría entre 18 y 19 millones de toneladas, más de 10 millones por debajo de la campaña récord 2025/26.
Las mayores caídas se esperan en la región núcleo, Entre Ríos y distintos sectores de Buenos Aires, donde el trigo perdería terreno frente a otros cultivos y actividades.
En contraste, el norte argentino mostraría una expansión del cereal, especialmente en Chaco y Santiago del Estero, impulsada por buenos niveles de humedad y menores requerimientos de fertilización.
Fuente: TN Campo



