Un estudio reciente confirmó lo que muchos productores ya perciben en el campo: las rotaciones que incluyen cultivos de cobertura y cereales no solo son sostenibles, sino que mejoran notablemente la calidad química y biológica del suelo, en comparación con el monocultivo de soja.
Desde el punto de vista químico, estas rotaciones mostraron un aumento de hasta el 18 % en el contenido de carbono orgánico y un incremento del 38 % en nitrógeno total, en relación al monocultivo. “Este índice se construyó en base a indicadores como el carbono orgánico, el nitrógeno total, la infiltración de agua y la actividad microbiana”, explicó la investigadora Serri, a cargo del estudio.
Suelo más vivo, suelo más fértil
La actividad biológica del suelo también mostró mejoras significativas. En los lotes con monocultivo de soja, el carbono de la biomasa microbiana fue un 32 % menor que en las rotaciones diversas. Además, la actividad microbiana general se redujo casi un 29 %, lo que representa una pérdida importante en términos de fertilidad y estructura del suelo.
“La rotación de cultivos de grano y la inclusión de cultivos de cobertura invernal mejoran la calidad del suelo y promueven beneficios para todo el sistema”, concluyó Serri.
Con estos resultados, queda claro que la diversificación no solo es una estrategia agronómica inteligente, sino también una herramienta clave para construir suelos más sanos, productivos y resilientes frente al cambio climático.



